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La Academia y la Salud pública

Darío Morón Díaz   

En editorial de MEDICINA, órgano oficial de la Academia Nacional de Medicina, número 29 del volumen 78, el académico Ricardo Galán Morera, hizo el análisis detallado del estado actual de la Salud Pública en el país y llegó a la conclusión de que en los dos últimos decenios la salud pública se ha venido deteriorando progresivamente.

     Galán Morera señala varios indicadores que transcribimos para información de los lectores: comienza por indicar “que las altas tasas de prevalencia e incidencia de patologías controlables o erradicables como la Malaria, Dengue clásico y hemorrágico, Fiebre amarilla, Cólera, Tuberculosis, y leishmaniasis, como prototipo de enfermedades infecciosas y transmisibles. También agrega las inmunoprevenibles, las enfermedades de transmisión sexual y enfermedades crónicas”.

     Así mismo señala “la aparición de enfermedades emergentes y reemergentes, como el Dengue hemorrágico, flagelo del continente asiático que llegó a América y se hizo presente y ha permanecido en Colombia a partir de 1989. El caso del cólera que en enero de 1991 aparece en  las costas peruanas y luego se extiende a América incluyendo a Colombia. El sarampión que estaba controlado y nuevamente aparecen picos epidémicos en los años recientes”.

    Más adelante el brote epidémico de “Fiebre amarilla, que en forma inusitada, sorprende a Colombia con aparición de casos en la región de Catatumbo, en julio del 2003, más específicamente en Abrego y Ocaña, municipios nortesantandereanos, con 78 casos y extensión al corredor que cruza los departamentos del César, Magdalena, Parque Tairona y la Sierra Nevada de Santa Marta”.

     En razón al deterioro de la Salud Pública también descendieron los niveles de vacunación a partir de 1998, que obviamente explican las tendencias ascendentes de estas patologías al inicio del milenio. El gobierno nacional incrementó esos niveles a cifras que aunque no son ideales epidemiologicamente, son significativas en el control parcial de estas enfermedades principalmente en los niños menores de cinco años.

     Al rosario de falencias señaladas por el académico Galán Morera, que es Máster en Salud Pública, se debe agregar la crisis en que se debate el Instituto Nacional de Salud, patrimonio científico de los colombianos, de reconocida prestancia nacional e internacional, debido a la producción de vacunas y biológicos, que como en el caso de la vacuna  antimalarica se exportaba nivel mundial con niveles óptimos de calidad, así como en el caso de la DPT,difteria,tetanos y tosferina, BCG contra la tuberculosis y otros sueros antiofidicos y antirrábicos.

    Después de otras consideraciones de carácter académico el editorialista finaliza afirmando que el gran deterioro de la Salud Pública a nivel nacional se profundizó con la desaparición de las campañas verticales de Malaria=SEM, fiebre amarilla, tuberculosis y otras, y por el poco énfasis que en esta materia hizo  la Ley 100  de 1993, ya que se limitó a los programas de fomento o promoción de la salud y prevención específica de la enfermedad y sólo se menciona en dos oportunidades el término Salud Pública en los artículos 152 y 174.

      A manera de corolario la Ley 100  no sólo produjo estos efectos negativos en la atención de la salud sino que de contera  comercializó la medicina convirtiéndola en  un negocio de grandes dividendos para los intermediarios de la salud, pero en detrimento de los actores fundamentales del cuidado del paciente: los médicos que hoy son usados como mano de obra barata de los beneficiarios de esta ley nefasta para la salud los colombianos.